
Y lo envolvió en pañales.
Ya está aquí dentro de mi corazón tu despreciado Jesús. ¡Se ha contentado con este pobre pesebre! Madre mía, ¡me da pena pensar que lo que va a encontrar duro y frío!....
¡Si tú quisieras obtener para mi corazón un colchoncito de caridad para con mis prójimos, aunque sean mis enemigos, no sólo de palabra, sino en el pensamiento y en la obra , unos pañalitos de presencia afectuosa del Jesús tuyo y mío!.... Así, ¡blandito y abrigado!....
Y lo reclinó en un pesebre.

Déjalo ahí en mi corazón, no de pie, como el que se va, ni aun sentado, que se podría cansar, sino reclinado, acostado, como el que descansa en lo suyo y no quiere irse nunca
Corazón de mi Jesús acostado en la cuna de mi corazón, que cuanto quiera, diga y haga hoy te abrigue, te meza y te recree.
+ Beato Manuel GONZÁLEZ, obispo















