
PAPA FRANCESCO
"José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas"
· A José, el hombre mirado por Dios con amor, le va naciendo por dentro un amor nuevo, regenerado por el Espíritu Santo, amor que le pone al servicio de la Buena Noticia de la Salvación (Mt 1,24; 2,15.22).
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· De su interior silencioso y fecundo brotaba el callado amor gratuito expresado en mil gestos de servicio:
· El servicio de la com-pasión viviendo con
María y con Jesús los abatares de la vida y del momento histórico: el
empadronamiento en Belén, la emigración a Egipto, el temor al gobierno de
Arquelao en Judea, el regreso a Nazaret, la pérdida del hijo en Jerusalén.

· El servicio de la ternura cuidando y atendiendo a María y velando el misterio de la Vida que se estaba alumbrando.
· El servicio de la contemplación recibiendo a María, con delicadeza, acompañándola con fortaleza, amándola con amor virginal,
· El servicio de la mirada nueva, dejándose sorprender por Jesús, que crecía como cualquier niño de Nazaret, y que iba expresando su estilo original de actuar ocupándose de las cosas de su Padre
· El servicio de la espera confiada en el Plan del Padre, la llegada del Reino de Dios.
· El servicio del gozo experimentando en la vida de familia en Nazaret, los momentos bellos, los encuentros compartidos, las palabras de vida, los gestos de ternura, las caricias de amor.
· El servicio de la misericordia gratuita reflejada en tantos gestos de cuidado cariñoso, protección cálida, respeto ausente de interés o de medida.

San José, el carpintero de Nazaret, el esposo de María, el padre de
Jesús.
Enséñanos a tener la fe y la confianza que tú
tuviste.
Enséñanos tu justicia, tu capacidad para el
bien y la bondad.
Enséñanos a poner cada día, en nuestra
familia, en nuestro trabajo, en todo lo que hacemos, el amor y la entrega que
tu pusiste.
Enséñanos a tener el corazón abierto para
reconocer en nuestra vida las huellas de Dios, para escuchar lo que él nos
susurra veladamente y para emprender los caminos que nos abre.










