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EL INCLINARSE DE DIOS EN NAVIDAD…

“Dios se inclina”. Esta es una palabra profética. En la noche de Belén, esta palabra ha adquirido un sentido completamente nuevo. El inclinarse de Dios ha asumido un realismo inaudito y antes inimaginable. Él se inclina: viene abajo, precisamente Él, como un niño, incluso hasta la miseria del establo, símbolo de toda necesidad y estado de abandono de los hombres. Dios baja realmente. Cuánto desearíamos, nosotros los hombres, un signo diferente, imponente, irrefutable del poder de Dios y su grandeza. Pero su señal nos invita a la fe y al amor, y por eso nos da esperanza: Dios es así. Él tiene el poder y es la Bondad.
El hombre puede ser imagen de Dios, porque Jesús es Dios y Hombre, la verdadera imagen de Dios y el Hombre.
S.S. Benedicto XVI
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DIOS TE AMA TIERNAMENTE…
“Nuestro Señor te ama tiernamente, hija mía. Y si no te hace sentir la dulzura de su amor, lo hace para que seas más humilde y te sientas despreciable. No dejes por ello de recurrir a su santa benignidad con toda confianza, especialmente en el tiempo en el que nos lo representamos como cuando era un niño pequeño en Belén. Porque, hija mía, ¿para qué toma esta dulce, amable condición de niño si no es para provocarnos a amarlo confidentemente y a entregarnos amorosamente a él?”
                                                                                                                        Santo Padre Pío


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SAN JOSÉ, REVÉLAME LOS SECRETOS DEL CORAZÓN DE JESÚS…
Patrono mío, San José, que viviste y caminaste constantemente en la presencia del Amor; castísimo Esposo de la Virgen, consagrado como Ella en holocausto a Jesús que os eligió para sí.
Tú eres modelo de silencio adorante, de obediencia alegre y sincera a la Palabra.
¡Tú eres el contemplativo, cuya alma vivió de rodillas ante el Hijo del Padre! Tú que conoces los caminos de la oración: ilumíname y llévame de la mano hacia la Intimidad Divina.
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Revélame los secretos del Corazón de Jesús que reposó en tu seno, soñando con el seno del Padre.
Hazme hijo de María, tú que viviste en su escuela de fidelidad y abandono. Tu corazón paternal y virginal que murió de amor en los brazos de Jesús y de María enamoren el mío, tan frío y tan frágil, para poder amar a Jesús como siempre lo amaste y serviste.
Ayúdame a considerar la fecundidad de la Vida escondida con Cristo en Dios, para que pueda gustar y comunicar a los hermanos lo preciosa que es la Misericordia del Señor y lo suave que es vivir en su Casa. San José, maestro de oración, ruega por mí.

Fray Marco Antonio Foschiatti, op.


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