El Miércoles de Ceniza La cruz de cenizas, trazadas en la frente de cada cristiano, no es solo un recordatorio de muerte, sino, de modo inevitable, una prenda de resurrección. Las cenizas del cristiano ya no son meras cenizas. El cuerpo de un cristiano es un templo del Espíritu Santo, y aunque le sea fatal ver la muerte, volverá otra vez a la vida en gloria. La cruz, con que las cenizas se disponen sobre nosotros, es el signo de la victoria de Cristo sobre la muerte

Hay alegría en el saludable ayuno y en la abstinencia del cristiano
que come y bebe menos, para que su ánimo esté claro y receptivo para
asimilar el sagrado alimento de la palabra de Dios, que la Iglesia
entera anuncia y medita en la liturgia de cada día a lo largo de la
Cuaresma
Recibir la Ceniza sobre nuestras cabezas, para que
recordemos, con gran alivio, que no somos sino polvo. La fuente de toda
pena reside en la ilusión de que somos algo más que barro. Dios es toda
nuestra alegría y en Él, el polvo de que estamos hechos podrá
convertirse en esplendor
Thomas Merton