
EVANGELIO: Lucas 9,18-24
Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Es el momento de preguntarnos, a los que todavía quedamos en el interior de los templos, sobre nuestro conocimiento y sobre la idea que tenemos de Jesucristo:
¿Cómo vamos a dar testimonio de Alguien desconocido?
¿Cómo vamos hablar de aquello que desconocemos?
¿Cómo vamos a entusiasmar si primero no lo sentimos y no lo vivimos?
¿Cómo vamos a vivir de su presencia si no nos preguntamos cómo es ni hacia dónde va?
¿Cómo lo vamos a sentir si preguntamos de todo y por todo, menos las más de las veces, por aquello que es importante?
¿Cómo nos va a contestar el Señor quién es... cuando, tal vez, ni nos hemos molestado en interesarnos por El?

Vamos de camino con Jesús. Le hemos visto orar, perdonar, amar, curar heridas. No es uno más. Tiene algo que fascina y hace que volvamos la mirada hacia Él. Se ha metido en nuestra vida.
Sus ojos habitan nuestra interioridad. Sus palabras nos han abrasado el alma. Es Señor y Amigo. Su fuente ha saciado nuestra sed más honda, nos ha colmado de gozo.


¿Quién decimos que es?
Nunca nos cansaríamos de hablar de Él. Jesús lo es todo en nuestra vida.











