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3º Domingo de Cuaresma.
Evangelio: Juan 2,13-25
 “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre” (Jn 2,16) 
Hoy es un buen momento para mirar nuestra interioridad. Jesús quiere provocar un dinamismo de conversión en sus seguidores.
La alegría del Evangelio llega, primero, al interior de cada uno. Tu intimidad con Jesús te lleva al cambio, a la renovación. No tengas miedo de revisar tu forma de vivir la fe. Tu vida es la casa abierta del Padre, donde los pobres y enfermos son acogidos. 
Jesús, tú que sondeas y conoces nuestros corazón, dinos si nuestro camino se desvía y guíanos por el camino recto. Acompáñanos!!!
Ahora te miramos, Jesús crucificado; tu entrega es fuerza y sabiduría de Dios para este mundo. Miramos tu corazón atravesado, fuente que llena de vida nuestro cántaro. Tú deshaces nuestro templo viejo y lo rehaces, como una eucaristía, para adorar al Padre, acoger a los que sufren, y partir el pan con los más pobres.




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QUIERO SER TU TEMPLO, SEÑOR
Para que, en el sagrario de  mi corazón,
habites y hables dándome el  calor de tu Palabra.
Quiero, Señor, que vuelques  la mesa de mi orgullo
y sea dócil al soplo de tu  Espíritu.
Sí, Señor;
quiero  ser un templo de tu presencia
para que levantes en mí la  verdad y la justicia
la paz y la alegría, el amor  y la misericordia.
Un edificio en el que sólo  tengas cabida Tú
y, donde las piedras,
tengan el sello del perdón y  la esperanza.

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Un rincón en el que puedas  reinar
y sentirte a gusto, un  templo de tu propiedad.
Sí, Señor;
quiero  ser un templo
del cual te puedas sentir  orgulloso,
en el que no exista suciedad  ni comercio alguno
en el que, Dios, quiera  siempre vivir y nunca marcharse.

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Quiero  ser tu templo, Señor
Edificado sobre tus diez  mandamientos
Señalado con la cruz  redentora
Fortalecido con la sabiduría  divina
Rejuvenecido por tu Gracia.
Sí, Señor;
si Tú quieres
deseo y te pido me hagas  templo vivo
para que, un día y contigo,
aun siendo destruido por la  muerte
pueda resucitar de nuevo.
Amén

ALBINA MORENO
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