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La mirada de Dios

 no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón. Si nos empeñamos en mirar a las personas sólo por las apariencias, como lo hacía en un principio el profeta Samuel, también nosotros nos equivocaremos. Debemos saber mirar al corazón de las personas, a su bondad, a su honradez, a su compromiso social y cristiano. Esto no siempre resulta fácil, por eso nos equivocamos tantas veces, pero merece la pena hacer un esfuerzo, lavando previamente nuestros ojos en la luz del evangelio, en la luz de Cristo. Es necesario purificar nuestra mirada de tantos prejuicios, egoísmos, respetos humanos y opiniones comunes, que tantas veces nos inclinan a juzgar equivocadamente a los demás. Volvamos una y otra vez a Cristo y a su evangelio y tratemos siempre de juzgar a los demás según la luz de Cristo. Él es nuestra Luz.

 


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Ofrenda de los ojos

Te presentamos, Señor, nuestros ojos limpios, que transparentan tu imagen en su mirada.

 

• Te presentamos, Señor, nuestros ojos admirativos, como los de los niños; que van descubriendo la vida cada día.

 

• Te presentamos, Señor, nuestros ojos lúcidos, que miran con y desde el corazón.

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• Te presentamos, Señor, nuestros ojos transparentes, que reflejan tu presencia.

 

• Te presentamos, Señor, nuestros ojos profundos, que se acercan al misterio de las cosas, a tu misterio.

 

• Te presentamos, Señor, nuestros ojos cariñosos, que siembran amistad.

 

• Te presentamos, Señor, nuestros ojos buenos, que irradian paz.

 

• Te presentamos, Señor, nuestros ojos acogedores, que animan a la superación en cada momento.

 

• Te presentamos, Señor, nuestros ojos enamorados, que convencen de que Tú eres amor.

Y ahora, Señor, te pedimos.

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• Danos la luz de tus ojos transparentes, que limpian de impureza y de mentira.

 

• Danos la serenidad de tus ojos, que calman y pa¬cifican.

 

• Danos la fuerza de tus ojos, que sostienen, traspasan y renuevan.

 

• Danos la hondura de tus ojos, que acercan el mis¬terio de Dios.

 

• Danos la paciencia de tus ojos, que comprenden y perdonan.

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Albina Moreno

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AS VIAS DO ESPIRITO

Do humilde sentir de se mesmo

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Do humilde sentir
de se mesmo


Todo homem, naturalmente, deseja saber: de que vale, porém a ciência sem o temor de Deus? Melhor, sem dúvida, é o  camponês humilde que serve a Deus que o filosofo orgulhoso o qual, de si mesmo esquecido, considera o curso dos astros.
Quem se conhece bem, despreza-se e não se compraz com humanos louvores.

Soubesse eu tudo no mundo, faltando-me a caridade, de que me valeria diante de Deus que me julgará pelas minhas obras?

 

THE WAYS OF THE SPIRIT

Testimony directory

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"I will follow you Lord
 in
the way of pain"


Emanuela 31 years old.
Her very short period of life

On May 14 th 1974 a baby giri 50 days old was brought to the baptismal font. I Don Lucio asked to the parents: "What name do you give to your daughter?". “Emanuela” they answered. I explained the meaning of the name "GOD WITH US". We could never think that little Emanuela one day would consecrate her ife to God in the way of pain. Emanuela: at the beginning of my existence it was piaced around my neck a "VIA PASS" to open the entrante gate with the inscription "BAPTIZED” daughter of God. ln my first years of life I was always on my mothers arms and what I did was only sleep and eat.


 

LOS CAMINOS DEL ESPIRITU

Pidamos a Nuestra Señora de Fátima

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Pidamos a Nuestra Señora de Fátima
 que nos ayude a perseverar en el rezo del Santo Rosario, y que lleve nuestras súplicas a su Hijo para que el mundo alcance la paz que tanto anhelamos
La aparición más conocida, por lo espectacular y por el número de testigos (unas 70,000 personas), fue la última, que ocurrió el 13 de octubre de 1917, en el mismo lugar. Es el llamado “milagro de cielo de Fátima” o el “milagro del sol”.


WEGE DES GEISTES

Messaggio pasquale

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Messaggio di Pasqua
di Sua Eccellenza
Mons. Lino Fumagalli
ai visitatori di
Vie dello Spirito

Abbandonato in fretta il sepolcro,
con timore e gioia grande,
le donne corsero a dare
l’annunzio ai suoi discepoli

Dopo il buio e il grande silenzio del Sabato Santo, una acclamazione, carica di gioia e di stupore, percorre le strade di Gerusalemme: Cristo, nostra speranza, è Risorto! Anche oggi, nel grigiore e nel buio di un periodo carico di difficoltà e soprattutto di profonda delusione per il presente e per il futuro, un grido irrompe impetuoso: Cristo, nostra speranza, è Risorto! In Lui facciamo esperienza dell’amore tenerissimo di Dio Padre, che ci sostiene, ci  perdona e ci ridona la veste bianca e l’anello della nostra dignità di figli ed eredi nel Cristo Risorto.